Mi año en Sevilla fue el año en que entendí que la lengua no es neutral. Cada conversación que tuve estaba moldeada por el ritmo de la ciudad — almuerzos largos, tardes eternas, la plaza como sala de estar.
Mi tesis creció de aquí: si la Cognición 4E tiene razón, el entorno no es el fondo sino el ingrediente. No se puede enseñar el español de una ciudad sin enseñar la ciudad.