Recorro esta ruta cada mañana antes de que el calor descienda. Hay algo en la calidad de la luz a esa hora — todavía no dorada, gris y tentativa — que me recuerda al momento justo antes de que un estudiante entienda algo. El casi-ya.
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Sobre la luz y el lenguaje
El casi-ya es lo que busco cuando enseño: el momento preciso en que el lenguaje deja de ser un código y empieza a ser una experiencia sentida.